Colegio oficial de Químicos y Asociación de Químicos | Crónica de la vacuna anti-COVID 19 (25-07-21). El sentimiento anti-vacunas cada vez afecta más a las campañas.
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Crónica de la vacuna anti-COVID 19 (25-07-21). El sentimiento anti-vacunas cada vez afecta más a las campañas.

Crónica de la vacuna anti-COVID 19 (25-07-21). El sentimiento anti-vacunas cada vez afecta más a las campañas.

Con un porcentaje significativo de su población vacunada, los países desarrollados se enfrentan a las fases finales de esta etapa de la vacunación con la inquietud de cuál es la incidencia real del sentimiento anti-vacunas en su país. En este artículo intentamos aproximarnos a este complejo concepto.

 

Un sentimiento variable de país a país

 

Este sentimiento se puede establecer sumando la estimación (mediante  encuestas)  de los dos grupos que pueden retrasar la vacunación:

-Aquellos que francamente no quiere vacunarse.

-Aquellos que no tienen claro que quieran vacunarse.

En estos momentos podemos hablar de  una cifra “mágica” del 25%. Es decir, hay una brecha importante entre aquellos países en los que, sumando  ambos grupos el porcentaje de la población estén por arriba o por debajo de esta cifra. Los que tienen una cifra superior, con Estados Unidos a la cabeza,  están tenido  muchas dificultades para culminar el proceso.  Los que la tienen por debajo aún no están notando las dificultades que este sentimiento pone al proceso.

Atendiendo a la suma de ambos grupos del modo:

“% de los que no se quieren vacunar” + “% de los que no lo tienen claro”

vemos que estas cifras (obtenidas de Our World in Data y referidas al fin del mes pasado) son muy  variables de país a país.

Entre los  menos expuestoss:

El Reino Unido :  11,81%+4,1%. Total 15,91%.

España:  13,45+10,27= 23,72 %.

Italia: 15,66% + 8,16%=

Entre lo países más reacios están :

Japón (en plena olimpiada): 12,68%+16,82%= 29,5 %

Francia 32,22% +9,06 %= 41,28%.

Alemania: 20,12%+7,97%=  28,09 %

Estados Unidos:  28,98% + 8,29%= 37,27%

En general se observa una tendencia en los últimos meses  a que disminuya la fracción de la población que no tiene claro si desea vacunarse, debido seguramente a que no están surgiendo nuevos casos graves de efectos indeseados en los vacunados.  A medida que se supera el 50% de la población vacunada este efecto se va poniendo de manifiesto más y más. Las próximas semanas serán muy indicativas de la realidad de estas cifras.

 

 

El caso de Francia. Vacuna y clases sociales.

El fin de semana pasado, más de 114.000 personas denunciaron en Francia una «dictadura de la salud», a veces incluso comparando al gobierno con los nazis. Entre los manifestantes, algunos protestan contra las restricciones a la libertad; otros simplemente no quieren oír hablar de la vacuna. Y su radicalización preocupa hasta la cúpula del estado francés.

Esto ya se detectó en  una encuesta a gran escala realizada por investigadores del Inserm y del CNRS en 86.000 personas que se llevó a cabo el pasado mes de noviembre, cuando se estaban desarrollando las primeras vacunas. Según Alexis Spire, director de investigación del CNRS y coautor del estudio, este sigue siendo relevante para  comprender mejor las características sociales de los indecisos y refractarios  a la vacuna.

«Cuanto más abajo estamos en la jerarquía social, más reacios somos a la vacunación en general y contra la vacuna Covid-19 en particular», según los autores del estudio. Así, el 17% de los trabajadores declararon que ciertamente no serían vacunados contra Covid. Contra el 8% de los altos ejecutivos.

El problema, según Alexis Spire, es que el “pase de salud” probablemente será ineficaz para convencer a una parte de estos resistentes a la vacunación: “Hay una parte de la población que no va a restaurantes, al cine, al teatro, no toma el tren, ni el avión. Para llegar a los reticentes de las clases populares, la clase trabajadora y las zonas periurbanas, sería mejor intentar convencer que amenazar. »

Según él, las medidas tomadas por el ejecutivo servirán principalmente para alertar a los sospechosos de las clases media y alta. Y por tanto acentuará la brecha social de la vacunación: “Es una paradoja porque, al mismo tiempo, los más pobres son los más expuestos al Covid-19 »

El criterio que más diferencia al vacilante del refractario es la confianza en el gobierno. «La relación con la vacuna es una relación con el cuerpo, con la salud, con la tecnología», subraya Alexis Spire, según la cual «la desgana con respecto a otras vacunas (diferentes de la COVID) está mucho menos ligada a la confianza en el gobierno».

¿Rechazar la vacuna sería una señal de protesta contra el gobierno? «No en la mayoría de los casos», responde el investigador, rechazando  la politización. El gobierno ha hecho de la inmunización un imperativo para la recuperación económica, excepto que para ellos, debería tomar su tiempo. Según él, muchos temen que se hayan sacrificado los estándares científicos por cuestiones de política económica. De ahí la importancia de informar a estas franjas de población sobre las ventajas vacuna.

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